.:: Inicios y final de un tiránido ::.
Frío, frío y oscuridad era lo que sentía
y veía el gante en el interior de aquel
líquido extraño y viscoso mientras empezaba
a adquirir conciencia de sí mismo y
a revolverse en aquella placenta verdosa.
Abrió y cerró la boca y sacó la lengua
en un débil intento por morder y librarse
del líquido en el que estaba sumergido
y la membrana que lo encerraba. Cuando
terminó de debatirse como para despertarse
estiró las piernas y los miembros del
tórax pero sintió dolor cuando trató
de hacer lo mismo con sus brazos delanteros.
Giró su cabeza hacia esa dirección y
sus ojos, más o menos acostumbrados
a las penumbras percibieron que sus
brazos estaban unidos por algo extraño
y diferente de su cuerpo que se movía
y revolvía independientemente de él.
Mordió con sus dientes aquella cosa
alargada y carnosa y ésta le respondió
girando hacia él aquel ojo con pupila
negra y cerrando y abriendo el extremo
del tubo que era su cuerpo como si fuera
una boca.
El gante comenzaba a sentir ansia y
rabia devoradora, pero se calmó cuando
sintió que algo entraba en contacto
con su primitiva mente de un modo sutil
y cauteloso y notó que era aquella cosa
la que se trataba de poner en contacto
con él. Poco a poco el contacto entre
las diminutas conciencias de aquellas
criaturas se había ensanchado y al cabo
de un tiempo parecía que habían establecido
una especie de acuerdo tácito para actuar
unidos como un solo ser.
De pronto, cuando el gante ya se había
acostumbrado a la temperatura de su
curioso habitáculo ésta descendió con
rapidez al romperse la membrana y derramarse
el líquido fuera de esta. La criatura
cayó contra una especie de saco blando
y membranoso que se agitaba como si
tuviera vida propia. La luz intensa
que había lo cegaba, hasta que poco
a poco fue acostumbrándose y observó
su entorno. Rodeándolo había más criaturas
como él, su diminuta mente se revolvió
de miedo y rabia por entrar en contacto
con aquellos extraños pero aún así no
los atacó porque una conciencia psíquica
mucho más grande que la suya de pronto
le hizo levantarse y avanzar hacia un
ser grande y monstruoso con unas garras
que lo miraba. Su mente trató de defenderse
y retomar el control de su cuerpo pero
ya era inútil.
El monstruo los hizo avanzar a través
de unos pasillos carnosos que se agitaban
movían como intestinos durante una eternidad.
La conciencia del gante, asustada y
dolida al principio se había ido acostumbrando
a la situación, como un sirviente doblegado
por su amo. Notó que el control psíquico
imperante en sus congéneres y en él
mismo disminuía. Trató de girar la cabeza
hacia los lados y emitió un aullante
silbido a uno de sus compañeros mientras
avanzaban, este le contestó con un rápido
siseo y con un impulso mental de su
conciencia a través de la todavía existente
red sináptica que los dirigía a todos.

De pronto, pararon. Algo parecido a
un caparazón duro y brillante por la
baba que salía de los forúnculos del
techo se cerró. El gante notó una repentina
sensación en sus miembros motores y
vio que algo parecido a unas ventosas
le sujetaban las pezuñas al suelo. Otra
familiar sensación de miedo cruzó su
mente pero los impulsos psíquicos del
espécimen grande lo tranquilizaron,
manteniéndolo firme.
Un repentino cambio de presión se dejó
sentir en el interior de aquella cosa
como un impulso en la gravedad. Notaron
un aumento de temperatura y todos los
miembros de la progenie silbaron y sisearon
histéricos. La criatura sentía como
el calor minaba sus defensas y su extraño
huésped en sus brazos delanteros abría
y cerraba su primitiva boca aspirando
aire y expulsando baba al suelo.
La temperatura dejó de subir y comenzó
a bajar y los gantes se tranquilizaron,
pero el control del líder sináptico
se recrudeció como si fuera a pasar
algo raro. El choque los dejó aturdidos
y atemorizados, pero los impulsos de
la red psíquica los mantuvieron en sus
puestos hasta que las paredes del habitáculo
viviente se abrieron como una flor.
Las criaturas escalaron por las paredes
cuando las ventosas dejaron de hacer
presión en sus patas, saliendo al exterior.
Comenzaron a avanzar en una determinada
dirección y de pronto unas criaturas
muy distintas de las que habían visto
hasta ahora los atacaron. Parecían seres
de carne pálida y membranas de vómito
con huéspedes metálicos que vomitaban
fuego. La visión del fuego de las armas
asustó a la criatura tiránida, pero
sin quererlo, siguió avanzando. También
prosiguió su carrera campo a través
cuando sintió dolor al expulsar su huésped
parasitario unas extrañas criaturas
brillantes por su boca.
Sintió una punzada de agudo dolor y
miedo cuando el fuego de aquellos seres
impactó en él, atravesó su caparazón
y se clavó en su carne. Se debatió y
chilló, pero finalmente su mente se
sumió en la oscuridad. Aquel gante había
cumplido con su misión en la vida.