.:: Veteranos de las guerras Tiránidas
::.
Los Ultramarines llevan luchando contra
los enjambres tiránidos desde que la
Flota Enjambre Behemoth irrumpió en
el reino de Ultramar. Con tal de detener
la marea tiránida, el Capellán Cassius
creó un contingente de guerreros de
elite, esta es la historia de su fundación:
Desde la llegada de la Flota Enjambre
Behemoth hace doscientos cincuenta años,
Ultramar ha sido el bastión de la Franja
Este. Una y otra vez los Ultramarines
se han enfrentado a los Tiránidos y
han evitado que otros tuvieran que sufrir
el terror y la muerte que los rodea,
pero han tenido que pagar un alto precio
a cambio. Durante la Batalla por Macragge,
la 1ª Compañía de los Ultramarines fue
destruida por completo tras una heroica
resistencia en la fortaleza polar norte.
En la 1ª Compañía se encontraban los
veteranos más curtidos del capítulo,
equipados con armaduras tácticas dreadnought,
un recurso precioso y cada vez más escaso,
y su pérdida no es fácilmente reemplazable.
Los Ultramarines nunca permitirían
que esas bajas, por graves que fueran,
los distrajeran de su deber y empezaron
a reconstruir la 1ª Compañía inmediatamente.
El Capitán Agemman de la 2ª Compañía
recibió el honor de ponerse al mando
de la 1ª Compañía y, junto con Calgar,
empezó el largo proceso de recomponerla.
Tras
la Batalla por Macragge
La superficie de Macragge fue arrasada
por la ofensiva tiránida, aunque no
de un modo tan completo como los planetas
más afectados. Después de retirar los
restos de los alienígenas muertos para
su estudio o destrucción, tanto la Inquisición
como los Ultramarines consideraron el
planeta purificado. Los cuerpos de los
Ultramarines muertos fueron transportados
en grave procesión desde la fortaleza
del norte hasta la Fortaleza de Hera,
donde el propio Marneus Calgar se encargó
de inscribir sus nombres en los muros
del Templo de la Corrección.
Durante el siglo siguiente, los tecnomarines
de los Ultramarines fueron reparando
mediante rituales el daño causado a
las armaduras de exterminador de los
guerreros muertos. El ataque de los
Tiránidos había provocado horrendas
cicatrices en aquellas sagradas armaduras
y los tecnomarines se encargaron de
la ardua tarea de restaurarlas todas
por completo. Sin embargo, a un guerrero
no le basta con la armadura para combatir
contra los enemigos de la Humanidad.
Tiene que contar con destreza, determinación
y, por encima de todo, coraje y honor.
Los planetas que componen Ultramar
ofrecen la cantidad necesaria de neófitos,
pero el proceso de iniciación dura muchos
años y hacen falta décadas de experiencia
de combate para acostumbrarlos a los
rigores de la guerra hasta que se consideran
miembros dignos del capítulo. Para acelerar
el proceso, Marneus Calgar ofreció a
sus guerreros ser trasladados a los
Guardianes de la Muerte, la cámara militante
del Ordo Xenos. En la Franja Este, el
Ordo Xenos está permanentemente enfrascado
en la tarea de extirpar señales de presencia
alienígena, por lo que los Ultramarines
asignados a este ordo adquirieron experiencia
muy rápidamente, la mayoría en combate
contra los Tiránidos.
Debido a los sucesivos asaltos de las
flotas enjambre tiránidas, los Ultramarines
tomaron parte regularmente en batallas
y sus guerreros se convirtieron en veteranos
gracias a la experiencia obtenida contra
los Tiránidos. Un cuerpo de elite empezó
a emerger bajo la dirección personal
del Capellán Cassius. Estas nuevas escuadras,
conocidas como "veteranos de las
Guerras Tiránidas", fueron un rayo
de esperanza para los Ultramarines.
En el pasado se había postulado que,
según las enseñanzas del Codex Astartes,
no era bueno que un Marine Espacial
se especializase tanto; pero había dos
factores que pesaban en contra de este
argumento: la necesidad de tener una
compañía de veteranos a pleno rendimiento
y el profundo odio que el capítulo sentía
hacia los Tiránidos.

El Cónclave
de Hera
Tal vez no sea de extrañar que entre
las filas de los Ultramarines hubiera
reticencias a reconocer la legitimidad
de las unidades de veteranos de las
Guerras Tiránidas. A pesar de que fue
el mismísimo Señor de la Santidad en
persona quien promovió la creación de
tales escuadras, la mayoría de sus camaradas
elevaron protestas al respecto, ya que
no estaban permitidas por el Codex Astartes
y que, por lo tanto, era impensable
su formación. Se manifestaron multitud
de argumentos tanto a favor como en
contra de la creación de las escuadras
de veteranos de las Guerras Tiránidas
sin llegarse nunca a un consenso. Al
final, Marneus Calgar dictaminó que
toda aquella discusión, a pesar de generar
un gran debate teórico acerca de las
bases del Codex Astartes y de las intenciones
de Roboute Guilliman, no servía en definitiva
para nada y, con tal de poner fin a
aquel callejón sin salida, el señor
del capítulo decretó que todos los guerreros
de los Ultramarines podrían dar su opinión
al respecto en un gran cónclave que
debería celebrarse en Macragge tras
el Día del Recuerdo, cuando el capítulo
rinde homenaje a los que murieron luchando
contra los Tiránidos de la Flota Enjambre
Behemoth.
Ultramarines procedentes de los rincones
más alejados de la galaxia acudieron
al Cónclave de Hera y Marneus Calgar
aguardó a que llegaran todos los guerreros
posibles antes de dar inicio al acto
en presencia del mismísimo primarca.
Cada guerrero tuvo la oportunidad de
expresar su opinión acerca de si se
debía aceptar o no a los veteranos de
las Guerras Tiránidas como una escuadra
del capítulo y el señor del capítulo
escuchó multitud de perspectivas. El
Capellán Cassius y el Capitán Agemman
de la 1ª Compañía defendieron su utilidad
y trajeron al cónclave a un guerrero
superviviente de los Cuchillas del Emperador
para que hablara de lo que había visto
y aprendido en sus combates contra los
Tiránidos. El cónclave duró varios meses
y los guerreros que no habían podido
llegar a Macragge a tiempo fueron uniéndose
a él y expresando su opinión personal.
Finalmente, el Señor Calgar dictaminó
que ya había oído bastante y se retiró
a sus aposentos en lo alto de la imponente
fortaleza para meditar sobre el asunto.
El señor del capítulo de los Ultramarines
estuvo pensando durante muchos días
y muchas noches acerca de los distintos
puntos de vista que se habían expuesto
en el cónclave y rezó y ayunó para que
Roboute Guilliman y el Emperador pudieran
guiarlo en su decisión. Al amanecer
del cuadragésimo día, el Señor Calgar
surgió de sus aposentos al haber sido
informado de que varios asentamientos
de Espandor habían sido atacados por
criaturas tiránidas, monstruos que habían
permanecido en Ultramar tras las batallas
contra Behemoth. Calgar lo consideró
una señal y declaró ante todos sus guerreros
que los veteranos de las Guerras Tiránidas
pasarían a formar parte de la estructura
militar de los Ultramarines. Aquella
nueva invasión sería su primera prueba
y, en caso de superarla, todo el mundo
debería reconocer su legitimidad.

La Purga
de Espandor
Espandor es un planeta de escasa población
compuesto básicamente de espesos bosques
y complejos agrícolas dispersos. La
milicia local había descubierto un nido
tiránido en las profundidades del bosque,
totalmente aislado, aunque cada día
se iba haciendo más fuerte y más grande.
Varias comunidades cercanas ya habían
sido devastadas y las criaturas estaban
cerca de alcanzar un número masivo de
entes. Solo era cuestión de tiempo que
se hicieran demasiado poderosas como
para poder frenarlas. Cassius reunió
a los guerreros que durante más tiempo
habían combatido contra los Tiránidos
y, junto con el Capitán Agemman, empezó
a entrenarlos en el combate en equipo
y en el uso de las armas especiales
que mejor funcionaban contra el peligro
tiránido.
Al llegar a Espandor, aún más comunidades
habían sido arrasadas por los Tiránidos
y las fuerzas de defensa locales se
veían incapaces de eliminar a las criaturas
cuando se retiraban al interior del
bosque por miedo de caer en una emboscada.
Los Ultramarines aterrizaron cerca de
Cuenca de Konor, uno de los complejos
agrícolas más grandes de Espandor y,
por el momento, refugio de la aterrorizada
población del planeta. Cassius organizó
de inmediato a sus guerreros en tres
destacamentos y, junto con el Capitán
Agemman, los lideró al lugar del ataque
tiránido más reciente. Gracias a un
áuspex modificado para detectar los
rastros de feromonas tiránidas, los
Ultramarines lograron rastrear a los
alienígenas hasta los más recónditos
rincones del bosque. Siguieron el rastro
durante muchos kilómetros hasta que
al final llegaron ante una descomunal
estructura bioorgánica entremezclada
con los árboles parecida a una enorme
colmena. Unas criaturas tiránidas chirriantes
surgieron de la colmena y atacaron a
los Ultramarines, pero, debido a los
lanzallamas y a las ráfagas contenidas
de bólter pesado, los alienígenas se
vieron obligados a retirarse y los guerreros
de los Ultramarines los persiguieron
hasta el interior de la propia colmena.
Dentro se extendía un laberinto de
túneles hechos de un material gelatinoso
y viscoso que proporcionaba un sinfín
de escondites para las criaturas tiránidas.
Los Ultramarines fueron abriéndose paso
con coraje y honor hacia el centro de
la colmena aniquilando y quemando todo
lo que se encontraban a su paso. En
el corazón de la colmena descubrieron
un ser herido que obviamente aún seguía
actuando como una especie de monstruoso
líder de los alienígenas. Lo único que
había impedido a los Tiránidos extenderse
por toda la superficie del planeta era
el estado lisiado de la criatura, aunque
los monstruos alienígenas que la protegían
eran brutalmente feroces. Los Ultramarines
se abrieron paso a diestra y siniestra
por entre aquellas monstruosidades y
fue el propio Capitán Agemman el que
acabó con la criatura líder. La experiencia
obtenida en previos enfrentamientos
contra los Tiránidos resultó ser de
suma utilidad, ya que cada guerrero
sabía exactamente por dónde atacar a
sus enemigos para causarles el máximo
daño y conocía muy bien el modo de actuar
de los alienígenas. Tal era su destreza
y tan bien entrenados estaban que en
toda la batalla no se perdió ni a un
solo guerrero. Después de exterminar
a los alienígenas, se destruyó la colmena
(y toda la zona de los alrededores)
mediante un bombardeo orbital concentrado
para garantizar que no quedara rastro
alguno de los Tiránidos.
A su regreso a Macragge, nadie dudó
de la valía de los veteranos de las
Guerras Tiránidas y todos los señores
reconocieron formalmente su incorporación
al Codex Astartes. La experiencia obtenida
en los combates contra los Tiránidos
no tardó en pasar a formar parte del
entrenamiento de todos los Marines Espaciales
de los Ultramarines y, desde entonces,
a los que destacan en este campo se
los asigna a unidades que probablemente
se vean obligadas a combatir contra
los Tiránidos para que así terminen
de perfeccionar sus capacidades.
Doctrina de combate
Los cazadores de Tiránidos combaten
con una mezcla equilibrada de armas
de combate cuerpo a cuerpo y de disparo
a largo alcance que resume la mejor
táctica para derrotar a los Tiránidos.
La munición especial de los bólteres
pesados, denominada munición infernal,
se desarrolló conjuntamente entre los
magos biólogos, el Adeptus Mechanicus
y el Ordo Xenos. Estos proyectiles están
diseñados para explosionar al contacto
y arrojar miles de agujas impregnadas
de un potente ácido mutagénico que es
letal incluso para los Tiránidos. Los
lanzallamas son una parte importante
de su arsenal, pues este armamento tan
poco discriminatorio resulta utilísimo
contra los organismos tiránidos de menor
tamaño aunque no de menor peligro.
No obstante, un buen armamento nunca
bastará por sí solo para detener un
asalto tiránido, de modo que cada guerrero
se entrena hasta el más alto estándar
para poder reconocer y atacar los puntos
débiles de los organismos tiránidos.
También se perfeccionan los reflejos
de cada guerrero hasta las más altas
cotas de perfección a fin de que luchen
mejor contra los Tiránidos en combate
cuerpo a cuerpo. Además, los veteranos
de las Guerras Tiránidas se entrenan
para emplear granadas perforantes en
medio de un combate cuerpo a cuerpo,
cosa que normalmente solo es posible
al atacar vehículos acorazados. De esta
forma, las criaturas tiránidas de mayor
tamaño, que son demasiado grandes como
para poder ser derrotadas con armamento
de combate cuerpo a cuerpo convencional,
ahora pueden ser abatidas lanzándoles
una granada contra un punto vital.
Los veteranos de las Guerras Tiránidas
se entrenan para actuar conjuntamente
con otras escuadras de Marines Espaciales
y así poder aprovechar sus habilidades
especiales al máximo de su potencial
para conducir las progenies más grandes
de Tiránidos contra los cañones de las
escuadras de devastadores o a las más
pequeñas hacia las espadas de las escuadras
de asalto. Después de haber triunfado
en varios enfrentamientos de gran importancia,
todo parece indicar que los veteranos
de las Guerras Tiránidas ya forman una
parte inherente de las fuerzas de los
Ultramarines.